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«De la cepa a tu copa»
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Nota: No doy detalles de ubicación ni apellidos para no engorronar el reportaje. Si alguien los necesita puede escribirme al correo de más abajo
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Mayorga celebra cada 27 de Septiembre, la procesión cívico-religiosa de El Vítor en honor a Santo Toribio
El Vítor, fiesta de Interés Turístico Nacional desde el año 2003, procesión única, se acerca un año más y los mayorganos empiezan a contar los días que les separan de la noche del 27 de Septiembre. Una tradición en la que el fuego, el humo y la pez que emana de los pellejos lo envuelve todo, dejando instantáneas y momentos imposibles en cualquier otro lugar del mundo. Nadie conoce con certeza su origen, pues no hay testimonios escritos. La versión más aceptada es que surgió tras la llegada de la segunda reliquia del Santo Patrón, Santo Toribio, en el año 1752. Al ser ya de noche, los vecinos la recibieron con teas y antorchas, y por ser un acontecimiento tan especial, para conmemorarlo, se siguió haciendo año tras año hasta nuestros días.
Son varias las modificaciones que ha sufrido desde entonces. Probablemente, una de las primeras fue el recorrido, que actualmente es circular (empieza y acaba en la ermita), con descanso en la plaza mayor, para el canto de la Salve y el Himno, y la lanza de fuegos artificiales. Tampoco hay constancia de que durante el siglo XIX se entrara en la ermita al terminar la procesión, pues los programas de la época no lo mencionan.
Recientemente se ha descubierto que el Himno de Santo Toribio fue compuesto en 1927 por el monje franciscano Salvador R. Maestor, aprovechando la melodía de la «Marcha al Cristo de Limpias», creada pocos años antes (+ info aquí), por lo que es probable que fuera a partir de estas fechas que se empezara a entrar en el templo para culminar la procesión con los cantos al Santo y a la Virgen.

Mujeres al rojo Vítor
La fiesta toma un giro inesperado el año 1971, con la intrépida decisión de 4 mujeres de quemar pellejos (Rosa, Valentina y las hermanas Isabel y Josefa), un privilegio reservado hasta ese entonces para los hombres, mientras las chicas iban bailando y cantando detrás del Vítor. No fue un acto de rebeldía, como rememora Isabel, simplemente una reacción espontanea con la voluntad de pasarlo bien. Fue Rosa, la mayor de las 4, la que provocó para que quemaran, mientras contemplaban los fuegos artificiales apoyadas en la farmacia de Don Julián: «¡No os atrevéis, cobardes!». Y las 3 jóvenes aceptaron el reto con la condición de que ella también quemara.
Así que fueron a casa de la señora Rosa, y en el patio encontraron toda la indumentaria necesaria: monos, sombreros, guantes, varales… ya que la mujer era madre de 4 hijos más o menos de su edad, que además eran hortelanos. De regreso a la plaza un vecino de Valentina, Fausto (tío de Gordi), enseguida las reconoció. Lejos de alarmarse, se sumo a la broma y las acompañó durante todo el recorrido.
De vuelta a la calle derecha, en la cantina de Los Toreros, Rosa reconoció a su marido: «¡Vamos dentro, que nos invita a un vino, aunque luego me de dos h…!». Por supuesto no entramos, recuerda Isabel, era casi pecado que una mujer entrara en un bar por esas épocas, y más para beber alcohol.
«ROSA ERA UNA MUJER MUY GRANDE Y CON UN CARÁCTER TREMENDO, CUALQUIERA LE LLEVABA LA CONTRARIA» – ISABEL
Continuaron hasta el Sol y Sombra (Borona), donde apoyaron los varales en el suelo, para ir a beber agua a casa de la madre de las dos hermanas. De regreso los varales ya no estaban, y lo sintieron como una liberación. Siguieron aun así hasta casi el final acompañando a los hombres, pues con esas pintas, no podían regresar con las mujeres.
Llegados a la calle del Aseo, el agobio, el humo y el calor las hizo acabar allí su aventura. De regreso a casa de Rosa, se cambiaron y esta les dio un duro a cada una: «¡Ahora a disfrutar del baile!». Estábamos muy cansadas, recuerda Isabel, pero por no llevarle la contraria fuimos hasta el Central. Entramos y salimos. No nos hicimos fotos, ¡sólo eso hubiera faltado!
La osadía de estas buenas mujeres generó un gran revuelo en el pueblo durante los días siguientes, y fue la punta de lanza para la introducción de la mujer en la fiesta, al mismo nivel que los hombres. No fue por rebeldía o quizás sí, pero lo que es seguro es que gracias a ellas hoy la fiesta es mucho más completa.

La escasez de pellejos
Hacía los años 90 empiezan a escasear el número de pellejos necesarios para la celebración, pese a buscarlos por toda España y parte del extranjero. En el año 98, un grupo de vecinos preocupados por la perduración de la fiesta, contacta con un curtidor de pieles de la localidad de Covarrubias, provincia de Burgos, con la intención de que él los elaborara y abasteciera al pueblo. Tras alcanzar un acuerdo, Covarrubias permanece unida a Mayorga desde entonces, a través del elemento más importante para la celebración de El Vítor.

Mateo, el profesor de El Vítor
Entre otros muchos momentos relevantes cabe destacar el empeño de Marciano, Florencio, Nicolás o Timoteo por hacer perdurar El Vítor en una etapa difícil como la postguerra; el resurgimiento gracias, entre otros, a las peñas de «La Chispa» o «El Silencio»; la declaración de la fiesta como de Interés Turístico Nacional en el año 2003; la formación de la asociación bajo el mismo nombre con la motivación de fortalecer y dar a conocer la fiesta; el reciente descubrimiento por parte de los restauradores Jaime y Hugo de la imagen original del estandarte, o la historia de sus portadores: los Garatos.
Todos (y otros que se olvidan) podrían ocupar varias líneas, pero lo que no puede faltar es la aportación de Mateo por mantener viva la llama de la tradición en los niños. Una iniciativa sin precedentes, pues en la antigüedad estaba vetada la participación a los menores de 14 años. Se colocan en línea, delante de la procesión, y hacen el recorrido hasta la plaza, donde dan una o dos vueltas antes de disolverse con la llegada de los mayores.
Comenzó enseñando a su sobrino Julián, hace más de 50 años, y poco a poco se fueron incorporando otros niños de su peña, «La Chispa», como los hijos de Faustino o Timoteo. Luego se animaron de otras peñas. Y hacia los 4 o 5 años se fueron incorporando también las primeras niñas.
«DE CUANDO YO EMPECÉ A QUEMAR EL VITOR HA MEJORADO MUCHO, ANTES SE SALPICABAN UNOS A OTROS» – MATEO
Colocar bien el varal, respetar la distancia entre ellos, aprender el himno, o el mítico «un paso para adelante y dos pa´tras», son algunas de las enseñanzas que Mateo integra en los pequeños para un disfrute con responsabilidad de la fiesta. «Los de 2º año se los pasan en grande, y en seguida quieren ayudar a quemar a los más pequeños, a veces les tengo que regañar un poco», comenta.
Si hay una señal que lo identifique ese es, sin dudas, el paraguas. Lo llevó por primera vez con la idea de protegerse de la pez, pero cuando vio que a los niños les gustaba quemárselo no dudó en seguir usándolo año tras año. «He llegado a quemar hasta 5 en una sola noche ¡No vea lo contentos que se ponen cuando ven que han quemado el paraguas a Mateo!», sonríe. Luisa, su hermana, aprovecha para hacer una solicitud a la gente; medio en broma, medio en serio: «No nos traigan tantos paraguas, que ya no nos queda cochera donde meterlos».

Escribió el historietista Juanjo Saez: «en la vida como en el arte, muchas veces hay que escoger entre sentir o entender». Y es que un mayorgano en cualquier otro lugar del mundo la noche del 27 de Septiembre, si respira profundamente, olerá a pez. Y acudirán a su mente imágenes de los pellejos ardiendo, en la plaza y en las calles. Percibirá el calor del fuego y de la brea resbalando por su ropa, y la melodía de El Vitor resonando desafinada por los borrachos en la lejanía. Y es posible que de la emoción, empiecen a brotar lágrimas de sus ojos, sin protesta y sin esfuerzo. Y no hay ciencia que lo explique, ni la magia, ni tan siquiera los milagros. Tan sólo, si acaso, el amor.
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Replica a TERCER CENTENARIO DE LA CANONIZACIÓN DE SANTO TORIBIO ALFONSO DE MOGROVEJO, PATRÓN DE MAYORGA. CONTROVERSIAS Y MISTERIOS EN TORNO A SU FIGURA – Daniel El Payaso Cancelar la respuesta