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Jesús (J) y Agustina (A) llevan toda una vida juntos, en poco tiempo cumplirán sus bodas de brillantes. Lejos queda ya aquel invierno de 1952 en el que se unieron en matrimonio. Por aquel entonces, ni luna de miel ni nada, había mucho que trabajar, y gracias. Esquilar, cultivar la huerta, atender una pequeña tienda de ultramarinos… a lo que sumar todas las tareas de un hogar que, poco a poco, se fue llenando de niños, en un momento donde todavía no había lavadoras, ni cocinas de gas o eléctricas, ni tan siquiera agua en las casas.

Nacieron en la pacífica fecha de 1928, quintos como son, en una época en la que los infantes eran, por mucho, el grueso de la pirámide demográfica, con varios hijos por familia. Poco imaginaban, en su inocencia, los tumultuosos años que se avecinaban. Primero, tras la proclamación de la república, con su inestabilidad permanente. Pero mas tarde, y sobre todo, tras el alzamiento militar de 1936.

Quiso dios, o el destino, que fuera España ese lugar en el que se mataran entre hermanos. Duro es escuchar relatos de protagonistas, directos, o (como en este caso) indirectos, de este periodo ya no tan reciente de nuestra historia. Necesario, tal vez, para recordarnos a todos, especialmente a los políticos, de la tremenda irresponsabilidad de jugar a indios y vaqueros con «armas» de verdad.

¿Cómo recuerdan Mayorga en sus primeros años de la infancia?

Había mucha gente, estaba el pueblo lleno, y un montón de niños. Los que se casaban tenían que irse con los padres, porque no había casas para vivir. Tiendas por todos lados, sobre todo de ultramarinos y ropa. No había grandes comercios. Casi todo el mundo vivía del campo. Nosotros, con dos y tres años íbamos a párbulos con las monjas, todos los lunes les dábamos una perra gorda. Al cumplir los 6 años empezamos en el colegio municipal, que por aquel entonces, acababan de construir. Éramos por lo menos 25 niños o más por aula, separados por sexos, aunque luego en el patio nos podíamos juntar.

¿A que se jugaba en el recreo en esos tiempos?

Los niños jugábamos a la tarusa, a los pasos, o a la peona. Las niñas a la soga, al corro, a los alfileres o a las tabas. Cuando se acercaban las fiestas jugábamos a toros, pero el fútbol nada. Había cuatro que les gustaba e iban a verlo a otros sitios, pero no en Mayorga. Eso vino después. Era más típico ver jóvenes jugando a la pelota, en el frontón que había en el rollo.

¿Se jugaba ya al fútbol cuando eran niños?

«MI PADRE IBA CON EL CARRO A VENDER HASTA VILLARRAMIEL. SE MARCHABA DESPUÉS DE CENAR Y LLEGABA AL AMANECER»

¿Cual era el trabajo de sus padres?

(J) Mi padre y sus hermanos eran todos esquiladores, por aquel entonces había mucho ganado para trabajar en el campo. Burros, mulas, caballos, necesitaban estar frescos en verano para que aguantaran bien el calor, y también para no acumular tierra. Mi madre tenía una pescadería, le traían el pescado desde La Coruña, y una pequeña tienda de ultramarinos.

(A) Mi familia eran hortelanos. Mi padre iba a vender hasta Villarramiel, con el carro y dos mulas, bien hasta arriba de lechugas y demás. Marchaba nada más cenar, y llegaba allí al amanecer, luego por la tarde volvía. Por aquella época había en Mayorga más de 100 huertas, toda la orilla del río, desde el puente (viejo) hasta el Caño Miravete. Se sacaba el agua con el pértigo, y había regadores que se dedicaban a hacerlo por varias huertas. Más tarde llegó la noria y se empezó a sacar agua con animales. Mi padre tenía una burra para eso.

¿Cómo eran las fiestas de Mayorga por aquella época?

La víspera había un encierro en el que se soltaban toros por el campo. Los becerros eran buenos y casi siempre llegaban al pueblo. Dos días había toros. Se ponían cancillas alrededor de la plaza y por detrás los carros y las barreras donde se ponían las cuadrillas de amigos, las familias y los niños. La noche de El Vítor era el momento más grande de la fiesta. Tenía mucha popularidad. Se hacía igual que ahora, pero los pellejos eran todos de vino. Las mujeres no iban y los jóvenes sólo a partir de los 14 años. El día 30 se hacía baile en El Rollo, para terminar las fiestas. Con la banda del pueblo, no venía nadie de otros sitios. Sólo dejaron de celebrarse el primer año de la guerra.

La guerra

Nosotros no nos imaginábamos nada, ¡como íbamos a saber!, éramos niños. Escuchabas por ahí: «¡ha estallado la guerra! ¡ha estallado la guerra!». En Mayorga no hubo batalla pero si muchas represalias. Se hizo mucho daño. Cargaban a la gente en camiones en la plaza, y se los llevaban a matar. Estaba toda la gente acobardada, teníamos toque de queda a las 8, y ya no se podía salir de casa. Al que pillaban por la calle le metían en la cárcel, durante el periodo que duró la guerra, y más.

¿Cómo afectó la guerra al día a día de Mayorga?

¿Afectó mucho a los niños?

Mucho. Muy triste. Hubo muchos que se quedaron huérfanos de padre y madre y tuvieron que ser acogidos en hospicios. Otros fueron trasladados a la costa, en Valencia, para ser exportados a Francia y Rusia. Luego con los años, algunos pudieron volver y reencontrarse con sus familias. En el colegio todo seguía con «normalidad», pero a un profesor lo mataron y tuvieron que poner a otro. A su mujer, que también era profesora, la deportaron.

«DURANTE LA POSGUERRA SE PASÓ MUY MAL. NI EL QUE TENÍA DINERO TENÍA NADA, PORQUE NO HABÍA NADA QUE COMPRAR»

¿Cómo fueron los primeros años de posguerra?

Se pasó muy mal, porque ni había aceite, ni arroz, ni prendas para vestirse. Había que hilar lana para hacer jerseys, deshacer sábanas para hacer calzoncillos. Los comercios estaban vacíos, no había nada. Nos daban una ración al mes, un litro de aceite, un poco de arroz… y después al estraperlo. A base de sebo y grasa de los gochos, fuimos sobreviviendo. Mucha gente tenía dinero, pero ¿Qué adelantaban? no tenían nada, porque no había nada que comprar.

¿Cuándo deciden terminar los estudios y comenzar a trabajar?

(J) Estudié hasta los 15 años, estaba con los frailes franciscanos, que eran buenos educadores, mejor que en las escuelas nacionales. Nos mandaron comprar una enciclopedia y desde allí lo aprendíamos todo. Enseñaban también muchas matemáticas, y a orientarnos en una profesión. Luego empecé a apoyar a mi padre y a sus hermanos esquilando, y con la huerta. También ayudaba a mi madre de dependiente de ultramarinos y a cargar el pescado que pedían, sobre todo, las casas grandes. (A) Yo iba a las nacionales pero casi no tenía tiempo para ir a estudiar. Enseguida tuve que quedarme en casa ayudando en las tareas y cuidando de los niños de mi hermana casada, porque ella tenía que ir a ayudar a mis padres en las huertas.

¿Cómo se conocieron?

Éramos de la misma cuadrilla de amigos. Una cuadrilla muy grande de chicos y chicas, y jugábamos todos. Entonces nuestros padres (A) no nos dejaban juntarnos como ahora, que menudo el vicio que tienen. Cuando Jesús quería quedar conmigo, para ir al baile o al cine, tenía que ir a casa de mis padres y pedir permiso, pero hasta las 10 y ya. Luego en el baile nos buscábamos y siempre bailábamos juntos. Los jóvenes, de aquellas, también lo pasábamos bien (J), algún chato de vino caía de vez en cuando.

¿Cómo era la vida de enamorados?

«EN LA MILI ME DESTINARON A ÁFRICA. MI EXPERIENCIA FUE MALA, HABÍA POCO PARA COMER Y DINERO NINGUNO»

Entonces llegó la mili

(J) Sí, yo la hice en el 50, y estuve 16 o 18 meses, no recuerdo bien. Me tocó África, Marruecos. Mi experiencia fue mala, porque entonces nos trataban muy mal, había poco que comer y dinero ninguno. Mis padres de vez en cuando me mandaban algo, otros ni siquiera podían. Me asignaron vendedor, porque me pusieron de profesión dependiente de ultramarinos. Las cosas estaban tranquilas. Hacia la mitad me mandaron a Asturias, a proteger unos almacenes de los saqueos de los makis, republicanos que escaparon a las montañas para no ser asesinados. Luego, para licenciarme, me volvieron a mandar a Melilla.

Tras regresar de la mili, se casan, ¿Cómo era la vida de recién casados?

(A) No hubo baile ni nada, porque acababa de morir el marido de mi hermana. Solo mi madre hizo una comida con algunos familiares. Ni luna de miel ni nada. Entonces no había esas cosas. Durante el primer año vivimos en casa de mis padres, y les ayudábamos en su trabajo de hortelanos, porque ellos eran ya muy mayores. Tras el primer año nos fuimos a nuestra propia casa. Jesús compró un carro y un caballo e iba a vender fruta por los pueblos. Luego montamos un bar, debajo del casino de entonces, donde ahora está el supermercado Spar. Rellenaron el suelo con tierra que cargaban en mulas para ponerlo a la altura del resto de la plaza. Jesús marchaba algunos veranos a buscarse la vida y me quedaba yo con los niños y el bar.

¿Qué se servía por aquel entonces?

Dábamos sobre todo vino, cerveza poca porque había pocas perras y estaba muy cara. Algo de anís también. Entonces no había tapas. Si alguien quería una aceituna, dos o tres, se cobraba tanto, y así. No eran tiempos para hacer regalos. También servíamos café, que se hacía en grandes cantidades en un puchero. Las máquinas vinieron después. La leche la comprabas directamente a los ganaderos que tenían vacas. El agua, al principio la cogíamos de una fuente que pusieron en la plaza, y cuando la quitaron yo (A) prefería ir a Santo Toribio para no aguantar al que la gestionaba en el rollo, que era un tipo muy empalagoso. Acarreé más agua que un burro. Más tarde, trasladamos el bar a la casa donde vivimos ahora, en frente del Minos.

¿Qué se pedía en los bares?

El agua. ¿Cómo se las ingeniaban para lavar la ropa sin agua todavía en las casas?

(A) Para lavar la ropa, las mujeres íbamos los lunes al río. Sin guantes ni nada, que entonces no había. Íbamos con la taja y el jabón y luego lo poníamos al sol, a veces nos tocaba romper el hielo. Íbamos a trabajar, ni cotilleos ni nada. Algunas preferían cargar el agua y hacerlo en casa, pero era un problema luego a la hora de aclarar. Las casas de los señoritos mandaban mulas y hacían varios viajes para subir el agua. Entre unos y otros, ¡menudas colas se formaban en los caños! Lavé a mano toda la vida, hasta que mi hijo mayor me compró una lavadora, que yo no quería. Viví en casas que no tenían agua, así que para que iba a querer una lavadora.

«PARA PARIR, DEJABA DE TRABAJAR EL MOMENTO DE JUSTO ANTES. SE LLAMABA AL PRACTICANTE Y PARÍA DE PIE»

Cocinar, ir al baño, comprar ropa, parir ¿Cómo era en aquella época?

(A) Cocinar lo hacíamos con paja y palos. Las sartenes tenían patas. Las hoyas, aunque había algunas de cerámica, la mayoría de las cosas se hacían con cazuelas de pereruela. Hacer de vientre, en el patio. Poníamos un muradal, en una zona de abono con paja, que luego se utilizaba para la huerta. Y de comprar ropa nada, yo hice la ropa para mis seis hijos, toda la vida. Para parir, dejaba de trabajar el momento de justo antes. Se llamaba al practicante y paría en una sala, de pie. No tuve problemas con ninguno.

¿Cuándo se empieza (Jesús) a interesar por la política?

En el año cincuenta y tantos, al poco de regresar de la mili. Cuando se empezaron a normalizar las cosas, porque antes no podías tirar para ningún sitio. Entré en contacto con otros compañeros, que como yo pensaban, que había que mejorar la vida de los trabajadores. No podía ser que los ricos se aprovecharan de pagarnos cuatro perras toda la vida, para vivir ellos muy bien. Cuando subieron los salarios tuvieron que agachar ellos también el lomo y se acabaron las señoritas en este pueblo. Nos reuníamos en clandestinidad en casas de unos o de otros, siempre por el boca a boca, poniéndonos de acuerdo. Alguno, yo no por suerte, tuvo que pagarlo con la cárcel, porque como estaba todo prohibido… Con el tiempo, todavía en época de Franco, fueron levantando la mano.

¿Qué cambios perciben en Mayorga con la llegada de la democracia?

Marchó muchísima gente. Unos a Bilbao, otros a Barcelona, otros para Asturias. Quedó Mayorga vacía. Marcharon a ganarse el jornal, no había trabajo aquí y había que buscarlo donde podían. Después se volvieron a reunir algo. Por aquellas fechas me presenté a alcalde (J) por mi partido, el PSOE, con la ilusión de que volviéramos un poco la chaqueta, que se decía por entonces. Solidaridad, para que pudiéramos vivir todos.

«COMO SOCIALISTA, ADMIRÉ MUCHO A FELIPE GONZÁLEZ. CREO QUE HIZO UN GRAN TRABAJO POR ESPAÑA»

¿Qué políticos le producían una mayor admiración?

Yo sentía admiración por muchos políticos de izquierdas. Admiré mucho a Felipe González. Trabajó muy bien. Hizo mucho por España y por la clase obrera. También me gustaba mucho Alfonso Guerra, aunque tras los líos en los que se metió con su hermano, me sentí defraudado. No me iba bien aquello.

¿Se sintió defraudado por algún político?

¿Cómo han llevado la adaptación a las Nuevas tecnologías?

A mi me gustaba mucho leer, leí mucho, sobre todo de política, aunque también de otras cosas, como medicina. Cuando me empezó a fallar la vista me compré una tablet para poder seguir leyendo, ampliando la letra, hasta que me falló la vista del todo. Luego cuando entramos aquí (residencia) empezamos a usar el móvil para comunicarnos con la familia, sobre todo el tiempo de la pandemia.

¿Cómo llevaron el periodo de la pandemia?

Muy mal. No podíamos salir fuera, y tampoco podía entrar nadie a vernos. Era todo por el teléfono. A Jesús le gustaba salir a dar un paseo por las mañanas y por las tardes se acercaba al bar Venecia a ver jugar la partida. Estábamos estupendamente. Pero cuando cerraron todo empezó a empeorar, a perder lo poco que le quedaba de vista y la memoria. Fue una etapa muy triste.

¿Les hablaron sus padres de la anterior pandemia, la «Gripe Española» de 1918?

Si, claro. Nuestros padres nos lo recordaban para que valoráramos como vivíamos nosotros. La gente estaba asustada. Morían tantos que no se tocaban las campanas. El ayuntamiento ponía sábanas para que se envolvieran con ella a los muertos, sin tocarles, y llevarles a enterrar sin ceremonias de ningún tipo. No había medicamentos como hay ahora ni nada de eso. Pero no dejaron de trabajar, ni hubo encierros ni nada. Cada uno hacía lo que podía.

¿Qué cosas creen que han mejorado y cuales creen que han empeorado desde sus tiempos jóvenes a la actualidad?

Hoy en día hay mucho más conocimiento. Y mucha más comodidad. En medicina se ha avanzado mucho. Antes la gente se moría cuando ya no valía para trabajar, no había jubilación. Ahora vivimos muchos más años, ya ve, nosotros tenemos 95 cada uno, pero no es muy allá. Para estar así, hechos una mierda, es mejor morirse antes. Prohíben el tocino y el chorizo, porque dicen que es malo, y comen cosas peores.

Antes vivíamos más tranquilos, ahora se vive más corriendo. No había tanta historia, tantas «necesidades». Se llevaba la gente mejor, unos con otros. Había buenas amistades, muchos encuentros sociales. Ahora está todo de otra manera, mucha soledad. Los jóvenes tienen mucho vicio, me parece que no es un buen camino. Antes no salíamos de casa, ahora no entran. Pero no nos metemos, cada uno que viva la vida como crea.

¿Qué opinan del ocio que tienen ahora los jóvenes?

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6 respuestas a “«ANTES SE VIVÍA DE FORMA MÁS TRANQUILA, Y LA GENTE SE LLEVABA MEJOR. AHORA SIEMPRE ESTÁN CON PRISAS Y HAY MUCHA SOLEDAD»- JESÚS Y AGUSTINA. 72 AÑOS DE MATRIMONIO”

  1. Muy cierto todo. Yo tengo 72 años y todavía vi tocar ala banda los domingos en la plaza. Banda donde tocaba mi abuelo Jacinto, tocaba el trombon. Yo e seguido sus pasos. Con la diferencia de estudiar música. Sigo en activo.

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  2. Me ha encantado la entrevista, muy cierto todo lo que cuentan y ellos muy trabajadores y buenas personas, un abrazo muy grande para los dos

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  3. Me ha gustado mucho la entrevista.Son entrañables

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  4. Avatar de Maria Dolores ortiz
    Maria Dolores ortiz

    Qué entrañable yo tengo muy buen recuerdo de ellos los hijos muy buenas personas un abrazo grande para todos

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  5. Da gusto oír a estas entrañables personas. Son memoria viva del Mayorga del siglo anterior. Sus penurias acongojan y su resiliencia es admirable. Yo como hijo de Mayorgana, que emigró, pero que vivió esa época me siento admirada por la capacidad de lucha y sacrificio de aquella buena gente.

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  6. Entrañable reportaje, Daniel.
    Asimismo íntima pero muy descriptiva la entrevista. Me produce concoja oír de sus boca, porque son testimonio vivo de lo que pasaron nuestros ancestros mayorganos, esos testimonios de un pasado todavía no demasiado lejano. Ahora, que veo a mi madre, mayorgana emigrada en la residencia, con la salud ya muy afectada, sabedor de las penrurias que ha pasado, siento pena por aquel pasado suyo.
    Gracias Daniel.

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