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10 de diciembre de 1726. Toribio Alfonso de Mogrovejo es por fin canonizado por el papa Benedicto XIII (bula «Quoniam Spiritus«), tras 120 años de espera, en lo que era una crónica anunciada desde el mismo día de su muerte, en 1606. Un legado de bondad, humildad y defensa por los derechos de los más vulnerables que ha perdurado en el imaginario colectivo de todos los lugares por los que pasó a lo largo de su vida. Controversias y misterios en torno a una figura tan importante dentro de la iglesia católica, por lo tanto, no podían faltar. Desde el mismo origen de su nacimiento o su papel cómo inquisidor en Granada, hasta la llegada de la segunda reliquia tras su canonización y la procesión cívico-religiosa generada a raíz de este acontecimiento, El Vítor. Es este un reportaje que pretende poner en valor al Toribio persona, más allá de juicios supra humanos, y tratar de dar luz a algunas de estas incertidumbres que le acompañan.

El conflicto sobre el origen de su nacimiento

Son varios los artículos y libros que dedican párrafos y capítulos extensos para tratar de demostrar cual fue su tierra natal. Al no existir una partida de nacimiento válida que despeje las dudas, los distintos autores se aferran a unos u otros testimonios y documentos para defender sus intereses, muchas veces en función de su propio lugar de origen.

La primera biografía oficial sobre Santo Toribio tras su muerte corre a cargo de Antonio León Pinelo en 1653, documento que se utiliza durante el proceso de beatificación. Pinelo conocía personalmente a la familia a través de su abuelo, pues había comprado la librería del tío de Toribio en Salamanca. El historiador Manuel Giganto alega que, siendo de ascendencia judía, tenía intereses comerciales para poner Mayorga en vez de Villaquejida cómo lugar de nacimiento. Pero no expone las razones.

«LA MADRE DE SANTO TORIBIO, VIUDA, PUDO MENTIR SOBRE EL ORIGEN DE SU NACIMIENTO PARA QUE SU HIJO CONSIGUIERA UNA BECA»

Este señor, Giganto, quizás el biógrafo de Santo Toribio que más ha defendido la teoría de Villaquejida y que mencionó a menudo en sus trabajos a Vicente Rodríguez Valencia (otro biógrafo) para desmentirle, argumenta entre otras cosas que la propia madre, Ana Robledo natural de Villaquejida, había testificado en favor de su pueblo cuando su hijo pretendía entrar en el «Colegio Mayor de San Salvador de Oviedo» en Salamanca a través de una beca, para culminar sus estudios. Siendo ya viuda en una época muy lejana a las primeras pensiones por viudez, se cree que pudo mentir para que Toribio consiguiera esa beca, ya que Villaquejida pertenecía por aquel entonces a la archidiócesis de Oviedo.

Sea cómo fuera, e incluso aceptando la teoría de Manuel Giganto que asegura que el santo nació en la localidad leonesa y sus padres se trasladaron a Mayorga contando Toribio con 1 año y 10 meses de edad, es difícil imaginar el apego de este por un pueblo del que se fue con menos de 2 años (más allá del cariño inevitable por ser la tierra de su madre), y que creció en Mayorga hasta entrado en la adolescencia, permaneciendo gran parte de su familia y amigos es esta villa durante toda la vida.

Su papel cómo inquisidor en Granada

En base a los pocos testimonios sobre Toribio en su juventud, se puede deducir que desde muy joven manifestó unos valores humanistas impropios de una persona de su edad. Tras formarse en Leyes en las ciudades de Valladolid, Salamanca y Compostela, y tras un breve inciso en Coímbra, donde ejerció de secretario de su tío Juan que era catedrático de esa universidad, consiguió la beca para doctorarse en el ya mencionado Colegio Mayor de Oviedo. Poco antes de culminar sus estudios llamó la atención de Felipe II, quien le destinó a Granada cómo inquisidor, previo a una comprobación de «limpieza de sangre».

«TORIBIO MOSTRÓ EN SU ETAPA DE INQUISIDOR UN GRAN SENTIDO DE LA JUSTICIA, PIEDAD CON LOS MORISCOS Y DEFENSA DE LOS OPRIMIDOS»

Al hablar de la Santa Inquisición, es normal, a mucha gente se le pone aun hoy la carne de gallina. Muchas son las barbaries que realizó este organismo de la iglesia, fruto de la arrogancia de algunos hombres de creerse en la autoridad de juzgar «en el nombre de Dios». Pero cómo bien reflejó Sabina en una canción de los años 90s: «no todos los vascos van con metralleta ni están cómo locos por ser de la ETA». Toribio demostró en su breve paso cómo inquisidor un gran sentido de la justicia, piedad en su trato con los moriscos recientemente levantados contra la corona en la Rebelión de las Alpujarras, y una férrea defensa de los oprimidos. Motivos todos ellos por los que recibió acusaciones de favorecer a la herejía.

Acusaciones que por otro lado, no escuchó o no le importaron a Felipe II, quien le propuso ante el papa Gregorio XIII para ser el segundo arzobispo de Lima. “Prelado de fácil cabalgar, no esquivo a la aventura misional, no menos misionero que gobernante, más jurista que teólogo y de pulso firme para el timón de nave difícil, a quien no faltase el espíritu combativo en aquella tierra de águilas”, dijo de él. Parece ser que la noticia no le agradó en un principio a Toribio, quien no contaba ni siquiera con las órdenes menores dentro de la iglesia. Pero no tuvo más remedio que acceder ante el rey y el papa.

Arzobispo de Lima

Antes de partir, regresó a Mayorga junto a su fiel escudero Sancho Dávila, para despedirse de familia y amigos; y se llevó consigo a su hermana Grimanesa y su primo-cuñado Francisco Quiñones (futuro alcalde de Lima), junto con sus tres sobrinos y algunos clérigos.

Llegó a Lima tras caminar a pie el último tramo de su recorrido desde el puerto de Paita, una linda mañana de brillante sol de América del Sur el 11 de mayo de 1581. Son muchos los testimonios de su bondad, su desapego por los bienes materiales y su defensa por los derechos de los indios. Su mano firme para hacer valer las nuevas normas tras el Concilio de Trento, su empeño por unificar la iglesia de «Las Indias» (Tercer Concilio de Lima) y su lucha contra la corrupción y el despotismo de las autoridades civiles.

«LEVANTÓ ESCUELAS Y HOSPITALES, ARREGLÓ CAMINOS, APRENDIÓ Y ORDENÓ APRENDER EL LENGUAJE DE LOS INDIOS»

En sus tres visitas pastorales por todo el vasto territorio de su diócesis en los que llegó a recorrer más de 40 mil kilómetros caminando o montado en una burra, se estima que evangelizó a más de medio millón de indios, levantó parroquias, escuelas y hospitales, arregló caminos y ayudó a muchos nativos a salir de la pobreza y explotación provocada por los colonizadores. Habrá quien piense que no tenía derecho de evangelizar a los indios, y puede que tenga razón; pero también es cierto que, cómo arzobispo, era parte de su trabajo. Hay que decir, no obstante, que tuvo la humildad de aprender el lenguaje de los nativos para comunicarse con ellos en su idioma natal, además de exigir lo mismo a todos sus súbditos.

Murió en Saña el 23 de marzo (jueves santo) de 1606, se cree que de malaria, y su cuerpo fue trasladado a Lima un año después, el 27 de abril, fecha en la que se celebra desde entonces la fiesta en su honor, al igual que en su pueblo natal, Mayorga. Miles eran las personas dispuestas a testificar en favor de su obra y milagros. Tal era la claridad con la que se presuponía que iba a sumarse al santoral de la iglesia católica que en el año 1661, casi 20 años antes de ser beatificado y a más de 40 de su canonización, ya faltaban algunos huesos de su cadáver, sobre todo de los brazos y de las manos. Así lo pone de manifiesto, ante notario, el por entonces arzobispo de Lima, Pedro de Villagómez y Vivanco.

El misterio de la segunda reliquia

Las reliquias han sido veneradas dentro de la iglesia católica desde casi los comienzos de la cristiandad. Rezar a un santo con la posibilidad de tenerlo presente al menos a partir de una pequeña parte de su cuerpo se volvió cada vez más importante, hasta el punto de llegar a considerarse una iglesia más valiosa en función del relicario que albergaran sus paredes. Esto fomentó el mercado negro y las falsificaciones, obligando a la iglesia a intervenir en el IV Concilio de Letrán, en 1215. Aunque se prohibió la venta y la adoración a reliquias no aprobadas previamente por el papa, el negocio se mantuvo en auge hasta bien entrado el siglo XVI. Es con el Concilio de Trento, iniciado en 1545, cuando se consiguió por fin un grado alto de regularización y control, otorgando a los obispos la autoridad de aprobar o rechazar nuevas reliquias. Pese a todo, el negocio se mantuvo activo, aunque en menor medida, y perdura hasta nuestros días.

Tras la beatificación de Santo Toribio en 1679, y con la previsión de que era próxima su canonización, se abrió la cripta del arzobispo con la idea de enviar reliquias a distintas zonas donde era venerado, una de ellas, Mayorga. En 1693, tras pasar por todos los protocolos necesarios, Francisco Vaca de Escobar, teniente del corregidor de la localidad, fue el encargado de recibir la reliquia (una costilla) en Madrid, a fecha de 30 de mayo. Este señor era el padre del rector fundador de la Congregación de Santo Toribio: Francisco Vaca Osorio, y del protector de dicha: Bartolomé, caballero de la Orden de San Juan. Si no fuera por un importante detalle que se desvelará más adelante, se podría llegar a creer que esta es la fecha original de la procesión de El Vitor. ¿Es descabellado pensar que los hijos idearan una representación para honrar la llegada de su padre con la reliquia? La familia Vaca, por otra parte, está entrelazada a la de Santo Toribio, y me pregunto si tal vez también a la de Cristobal Vaca de Castro, primer gobernador de Perú, natural de Izagre.

Mucho más incierta y llena de misterio es la llegada de la segunda reliquia, el peroné derecho del santo, hasta el punto de que ojalá que empezara de cero, y poderle decir que he pasado la vida sin saber que la espero1, aunque está documentado que el ayuntamiento la solicitó en 1726 a través del canónigo José Manuel Vela Vaca y Mogrovejo. Manuel Giganto en su segundo tomo sobre Santo Toribio afirma que fue enviada por el arzobispo de Lima: Melchor de Liñán y Cisneros, el 27 de Septiembre de 1735. Algo altamente improbable, ya que dicho prelado falleció casi 30 años antes, en 1708.

«EXISTE UN VACÍO DOCUMENTAL EN LA CONGREGACIÓN DE SANTO TORIBIO ENTRE LAS FECHAS DE 1743 Y 1776, CUANDO SE CREE QUE LLEGÓ LA SEGUNDA RELIQUIA»

En el libro de actas de mencionada congregación fundada en 1733, hay un vacío de 74 años, entre 1743 y 1817. Durante los primeros años se hace referencia a la «función de Santo Toribio«, pero no se nombra en ningún momento a la famosa reliquia, por lo que se da a entender que por entonces aun no había llegado. Es a partir de 1776, en los primeros apuntes conservados del libro de cuentas y gastos, donde se empieza a mencionar la «función de la reliquia«, procesión de El Vitor tal y cómo la conocemos hoy, en conmemoración a la llegada de la segunda reliquia.

En un apartado del libro de actas en 1852 aparece la siguiente frase: «FUNCIÓN DE LA RELIQUIA: conmemoración aniversario de la entrada en Mayorga a mediados del siglo pasado«. ¿A mediados del siglo pasado? Cuesta creer que con sólo 100 años de distancia (abuelos-nietos) la congregación dedicada a honrar la memoria de Santo Toribio no conociera la fracción de segundo exacta en la que esa reliquia tocó suelo mayorgano. ¿Qué pasó durante ese vacío documental comprendido entre 1743 y 1776 y por qué había (o no) tanto interés en ocultarlo? La respuesta, tal vez, Lima.

La Lima de mediados de siglo XVIII

En el año 1745 falleció el por entonces arzobispo de Lima José Antonio Gutiérrez de Ceballos. Tras un intento de colocar a un sustituto que falleció poco antes de tomar el cargo, la plaza quedó vacante hasta 1751, año en el que entró al poder Pedro Antonio Barroeta y Ángel, puesto por clientelismo por el Marques de la Ensaimada (Ensenada, perdón), al igual que el virrey José Antonio Manso de Velasco.

El 28 de octubre de 1746 hubo un gran terremoto en Lima y provocó grandes daños en la Catedral. Las criptas de la Capilla de los Reyes, entre las que se encontraban la de Santo Toribio y la de Pizarro, fueron trasladadas a una capilla interna. En el año 1751 el nuevo arzobispo, nada más ocupar su puesto, reinició las reformas poniendo a cargo del interior a su hermano José, y del exterior al Juez de Audiencia Pedro Bravo de Rivero. En 1752, poco tiempo después, el propio arzobispo solicitó abrir la cripta para la veneración de las reliquias, estando de testigos varios miembros de su cabildo, entre ellos el maestreescuela Diego del Corro. La descripción de ese momento fue la siguiente: «los sagrados huesos llenaban toda la caja de plomo y no se sacó hueso alguno, sino que todos quedaron en dicha urna, la que se volvió a cerrar«.

«EL FISCAL GENERAL DEL ARZOBISPADO DECRETÓ PENA DE MUERTE AL RESPONSABLE DEL ROBO DE LAS RELIQUIAS DE SANTO TORIBIO»

Ocho años después, en 1760, con motivo de regresar las reliquias al altar mayor de la Catedral, Diego del Corro, ascendido a arzobispo de Lima dos años antes, no podía creer lo que veían sus ojos. «Aquí ha habido hurto», manifiestó. Los huesos que se observaron fueron los siguientes: «la cabeza en dos partes, los dos huesos del muslo, los dos carrillos grandes, dos costillas pequeñas, un hueso delgado y largo de las piernas (peroné izquierdo), seis huesos muy pequeños de distintos lugares del cuerpo y una planchita de plomo«. Es decir, el peroné derecho, presente en Mayorga, desapareció a tenor de los testigos, entre 1752 y 1760. El Fiscal General del Arzobispado, puesto íntimamente relacionado con la Inquisición, decretó «pena de muerte» para los responsables por «tal gravísimo crimen de sacrilegio«. Pero, ¿Quién pudo ser el responsable?

El arzobispo Pedro Antonio Barroeta y Ángel

El arzobispo Pedro Antonio de Barroeta es recordado por ser un prelado conflictivo, que tuvo en numerosas ocasiones discrepancias con su cabildo y con el virrey. Altamente arrogante y ególatra para la poca experiencia que tenía en el cargo (según testimonios), hasta el punto de sólo permitir al organista tocar a su entrada y salida de la catedral. Combatiente por otro lado del importante grado de corrupción en el que se encontraba Lima y de las malas prácticas y abusos de sus gobernantes. Al terminar su mandato, trasladado a Granada por su complicada convivencia con los distintos poderes de la ciudad y con su cabildo, se cree que el viaje de regreso a España lo tuvo que costear su hermano José, por haberlo dejado todo a la beneficencia. No parece por tanto, pese a su carácter, una persona interesada en expoliar las reliquias de Santo Toribio para su comercio ilegal. Pero sí su hermano.

«JOSÉ BARROETA Y ÁNGEL FUE UN HOMBRE DE NEGOCIOS QUE COMERCIABA CON TABACO, SEMILLAS Y JOYAS. TUVO PLEITOS CON MAR DEL SUR»

José Barroeta y Ángel arribó en América en 1721, 30 años antes que el arzobispo. Allí se destacó, al parecer, cómo un brillante hombre de negocios. Se sabe que comerció con tabaco, semillas y joyas. En el año 1746 y hasta 1753, aparece en pleitos por el cobro de impuestos (media annata y lanzas) con los propietarios de las embarcaciones de «Mar del Sur», armada naval española puesta por Felipe II para regular y controlar el tránsito de mercancías desde toda la costa española del pacífico hasta la península ibérica. En 1751, cómo ya habíamos mencionado, su hermano le dejó a cargo de la restauración del interior de la catedral. Dado que esta no concluyó hasta 1778, es muy posible que permaneciera al mando, al menos, hasta el traslado de su hermano a Granada, en 1758. No son fuertes indicios, y aunque fuera así de nada iba a servir a estar alturas, pero…

Jesucristo exclamó: «¡Fuera mercaderes del templo!». Los mercadores arrasan los bosques, envenenan el agua y el aire, estrangulan la tierra, promocionan guerras y aprovechan oportunidades de mercado durante catástrofes naturales, mientras la gente se está muriendo. ¿Qué podía significar para un hombre de negocios expoliar reliquias de un templo sagrado? Dinero.

José se quedó en Perú muchos años después del traslado de su hermano, y siguió costeando sus obras de beneficencia y los caprichos de su hermana, a la que regaló un collar de diamantes. Pena de muerte es un buen motivo para guardar un secreto. La Inquisición fue abolida con la constitución de «La Pepa» en 1812. Y casualmente, el libro de actas volvió a plasmar los eventos de la congregación a partir de 1817.

El origen del estandarte y sus portadores

Parece claro, en base a todas las investigaciones, que El Vitor debió de surgir a mediados del siglo XVIII. La fecha exacta es posible que nunca se llegue a conocer, pero quien sabe. A veces la suerte también juega su papel. Con ella conté yo para tratar de averiguar el último gran misterio que me propuse investigar en este reportaje. El origen del estandarte que guía a la procesión de El Vitor hasta la ermita del Santo Patrón, y por qué los García (garatos) son sus portadores. Pero no la tuve.

Sobre el primer punto, hay que reconocer, encontrar la respuesta es muy difícil. Sería necesario hallar una factura o algún tipo de documento escrito que hablara de su construcción, obsequio o venta. Se sabe que la ciudad de Salamanca organizó «el más esplendido espectáculo académico de carácter religioso» en 1727, para celebrar la canonización de Santo Toribio. Su universidad por aquellos años, tenía por costumbre premiar a sus alumnos más ilustres con un Vítor. Aunque el santo no terminó su doctorado, es muy posible que le fuera otorgado a título póstumo, por tan gran acontecimiento. Sí esto es verdad y el cómo llegó a Mayorga es otra incertidumbre a sumar en esta historia.

«EN LA PARTE POSTERIOR DEL ESTANDARTE SE HA DESCUBIERTO QUE PONE «A EXPENSAS DE MANUEL GARCÍA REYERO, 1858»«

Hará tres o cuatro años ya desde que los restauradores Jaime y Hugo descubrieran la cara original del estandarte, en la que aparecía el símbolo de la Inquisición. Prohibido este símbolo en 1812, era un indicativo claro de que la insignia debía ser de una fecha anterior, y también la razón de que se tapara. Mucho más recientemente, han encontrado que en la cara posterior pone «A expensas de Manuel García Reyero, 1858«. Ambos creen que no es la última capa pero no están seguros de poder indagar más allá porque la pintura está muy dura y a menudo saltan dos capas a la vez.

A raíz de este último descubrimiento se corrobora que la familia de los García, porta y custodia El Vitor al menos desde hace seis generaciones. Pero hay indicios de que puedan ser algunos más. Manuel García Reyero aparece en la primera acta de la congregación de 1817, junto con su tío paterno Manuel García Mazón (clérigo) y sus tíos maternos Agustín y Gaspar Reyero Fernández (seglares). Cuánto más atrás se prolonga en el tiempo o si ahí termina todo, lo descubriremos en el próximo capítulo.

«FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO»

«VIVA SANTO TORIBIO, VIVA SANTA ROSA, VIVA MAYORGA»

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  1. Homenaje al Robe ↩︎

Agradecimientos a:

Timoteo Escudero, por su insaciable conocimiento y documentación sobre la villa de Mayorga

Alfonso Álvarez, por facilitarme fuentes necesarias para complementar este reportaje

Ángel de Elera, igualmente, por facilitarme fuentes necesarias para complementar el reportaje

Covadonga Bernardo, por conseguirme los libros de Manuel Giganto

Restaurante El Arco, por permitirme acceder desde su cuenta al archivo histórico de El Norte de Castilla, antes de descubrir que es gratis en esta zona

Jaime y Hugo, restauradores, por su desinteresada labor entorno al estandarte de El Vitor, que ayuda a comprender mejor su historia

Fidel Caballero, por facilitarme información sobre la congregación de Santo Toribio y sobre el linaje de la familia García

BIBLIOGRAFÍA

Vicente Rodríguez Valencia – «Santo Toribio de Mogrovejo, organizador y apóstol de Sur-América«, Tomos I y II

Manuel Giganto Cadenas – «En los pueblos pequeños también nacen hombres ilustres y santos» y «Si quieres conocer a Santo Toribio toma y lee«

José Antonio Benito Rodríguez – «Libro de visitas de Santo Toribio de Mogrovejo (1593-1605)» y «La Catedral de Lima y Santo Toribio»

Carlos García Irigoyen – «Santo Toribio. Obra escrita con motivo del tercer centenario de la muerte del santo«, Tomo III

Biblioteca virtual de Miguel de Cervantes – «Anales de la Catedral de Lima. 1534-1824«

Cándido Aniz Iriarte y Rufino Callejo de Paz – «Real Monasterio de San Pedro Mártir de Mayorga«

Javier Burrieza Sánchez (historía-hispánica.rah.es)- «Biografía de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo«

Carmen Martínez Martín – «El Ilmo. Pedro Aº Barroeta y Ángel: un conflictivo arzobispo en la iglesia de lima (1751-1758)«

Enciclopedia Católica (ec.aciprensa.com) – «Santo Toribio de Mogrovejo»

Congregación de Santo Toribio – «Libro de actas«

familysearch.org – Para el estudio de árboles genealógicos de las familias Mogrovejo, Vaca y García

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