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«De la cepa a tu copa«
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Ya disponibles en mi canal de youtube y en la pestaña Mis canciones: «La noche de la tradición» y «Mañanita de setas«
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«El amor no es necesario entenderlo, es necesario sentirlo. Es una necesidad o no es nada» – Antonio Gala
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*«Avioneta» en el ámbito aeronáutico es un término incorrecto, se expresa simplemente «avión«
**Imagen principal: panorámica del monte de San Esteban de Nogales tras los incendios de 2025/ A.Carracedo
danielcaballerorubio@gmail.com
La televisión tiene algo de eso que poseen todas las cajas tontas que te hacen, en ocasiones, caer en la ilusión de que lo que aparece a través de una pantalla no está sucediendo de verdad. Y vas a tomar café y comentas en tertulia lo que has visto al igual que discutes de las jugadas más polémicas del último partido de fútbol. Pero cuando sales a la calle y empiezas a notar que te pican los ojos y puedes alcanzar a respirar el humo de esos incendios de los que has oído hablar a más de 100 kilómetros de distancia; cuando te acercas (en mi caso) al parque de El Mirador de Mayorga desde el que es posible contemplar las montañas de León, y ves el horizonte repleto de un color gris enrarecido en un cielo sin una sola nube; un sentimiento de profunda tristeza invade tu cuerpo, y no puedes evitar pensar: ¡madre mía, lo que tiene que estar pasando esa pobre gente!
Álvaro Carracedo es un joven con el corazón dividido entre Mayorga y San Esteban de Nogales, pueblo de donde es originario su padre. El fin de semana del 12 de agosto estaba preparando las fiestas que iban a comenzar a mediados de la semana siguiente, cómo en otros muchos pueblos de España. El lunes sobre las 4 de la tarde ascendió por el monte junto a un amigo para comprobar la distancia del fuego que empezaba a aparecer en el horizonte. «Calculamos que estaría a 20 o 30 kilómetros por lo menos, y no nos preocupamos demasiado», relata. 3 horas después, en torno a las 7, el fuego había alcanzado su tramo de monte y se encontraba a poco más de 3 kilómetros de distancia de las casas.
Recibieron la recomendación de evacuar el pueblo pero casi nadie obedeció en ese momento. Un grupo de unas 30 personas entre las que se encontraba Álvaro, cogieron todo lo que estaba en su mano (palas, azadas, mochilas de fumigar…) y salieron al encuentro del fuego para ayudar al único equipo de apoyo que había acudido en su auxilio en ese momento, un helicóptero de las BRIF provenientes de Ávila con cinco efectivos. Hacia las 4 de la mañana bajaron del monte convencidos de que habían conseguido su objetivo, sin llamas ardiendo y con tan solo unas pocas brasas repartidas por el suelo. Pero mientras tomaban unas copas para celebrarlo, un guarda forestal les advirtió: «lo peor va a ser mañana, a partir de las 2 de la tarde».
Amaneció el martes tranquilo, sin humo a la vista ni apariencia de avivamiento por ningún lado. Varios vecinos subieron con sus coches para convencerse de que el peligro había pasado y volvieron con la sensación de que así era. Y entonces, sobre las 14:45, empezó lo que ese guarda forestal había anticipado. «No entendemos por qué, si sabían que iba a pasar, no hicieron nada para evitarlo», lamenta Álvaro en representación de sus vecinos. Hacía las 15:15 aparecieron los primeros refuerzos de las BRIF y dos horas más tarde también los de la UME.
«GRACIAS A QUE ALGUNOS NOS QUEDAMOS SE PUDIERON SALVAR LAS CASAS. EN OTROS PUEBLOS DONDE SE FUERON TODOS, ARDIERON EN MAYOR O MENOR MEDIDA»
La orden de evacuar el pueblo, esta vez sí, fue acatada por la mayoría, menos por unas 20 personas que se negaron a abandonar todo lo que tenían a la suerte. Álvaro, que se encontraba entre ellos, recuerda aquellos momentos cómo «un auténtico infierno». Trataron de ayudar vigilando que ninguna llama penetrara en el pueblo por ninguna parte. «Creo que gracias a que nos quedamos se pudieron salvar las casas. Otros pueblos de la zona en los que se marcharon todos, ardieron en mayor o menor medida», afirma. Fue el caso por ejemplo de Castrocalbón, donde sucumbió a las llamas un barrio entero.

El fuego, que se había reavivado hacía las 3 de la tarde, tardó en arrasar el monte entero 15 horas. A las 6 de la mañana del miércoles ya no había nada que quemar. Aunque las autoridades habían recomendado no regresar al pueblo hasta la semana siguiente muchos ya lo hicieron el jueves. Y el fin de semana se intentó volver a la normalidad, organizando juegos para los niños para compensar un poco aquellas fiestas que no se habían podido celebrar.
El pueblo ha tomado conciencia y a raiz de aquello se han formado grupos vecinales para salir a limpiar los cuatros cachos de monte que se salvaron. «Agradecidos a las BRIF y a la UME por el apoyo, pero de nada servirán todos los refuerzos del mundo si no se invierte más en prevención», asegura Álvaro. Una reflexión con la que está muy de acuerdo nuestro siguiente protagonista.
La visión de un bombero forestal
Amante de la naturaleza como era, Alberto Gil se formó como Técnico en Trabajos Forestales en CIFP de la Santa Espina. Tras pasar algunos años cerca de su tierra, Medina de Rioseco, tomó la decisión de trasladarse a la zona del Bierzo, lugar de mucha más acción para el trabajo en el que él se había formado. Un oficio duro, mal pagado y con poca estabilidad laboral. «Muchas veces trabajaba una parte del año y el resto tenía que buscarme la manera de sobrevivir. En otras ocasiones me iba yo porque las condiciones eran lamentables», asegura. Jornadas de 8 horas desbrozando a pleno sol que muchas veces se alargaban considerablemente con la asistencia a algún incendio.
En sus más de 18 años de experiencia ha podido ver cómo se precarizaba aun más su oficio y descendía con ello la calidad de sus trabajadores, ya que en esas condiciones cada vez son menos los interesados y la criba de profesionalismo inexistente, al no llegarse a veces ni a cubrir las plazas. Por eso le hace gracia que se sugiera en los medios que son los propios guardas y bomberos forestales los que prenden los montes. «Habrá de todo, cómo en todos los sitios. Pero no se qué motivación va a tener un forestal, que trabaja defendiendo la naturaleza, para prender el bosque, siendo su modo de vida y algo muy vocacional», protesta.
En el año 2017 consiguió entrar a trabajar para Tragsa, empresa pública a la que el «Ministerio Para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico» tiene encargado el servicio de los «Equipos de Prevención Integral de Incendios Forestales» (EPRIF), cómo capataz destinado en Cangas de Onís. Un trabajo más cómodo y con mejores condiciones laborales, aunque algo más alejado de su tierra natal y su Bierzo de adopción. Es el encargado de realizar quemas controladas, gestionar cuadrillas y concienciar a jóvenes y ganaderos en la región asturiana, entre otras cosas.

Paradójicamente en Asturias la temporada de incendios va de Noviembre a Marzo, por lo que está a punto de comenzar. Estadísticas de las BRIPAS (Brigadas de Investigación de Incendios Forestales en Asturias) apuntan que en la región hasta el 90% de los incendios son provocados. La cultura del fuego está muy arraigada en la Cordillera Cantábrica, donde los pastores hacían sus pequeñas quemas para mantener los pastizales libres de matorral, pero desde hace años además el monte no está en las mejores condiciones. «El abandono del medio rural ha favorecido la matorralización de muchas zonas, las cuales pretendemos volver a recuperar; mediante quemas controladas realizadas por personal cualificado, y quemas de mantenimiento de brañas y camperas realizadas por los propios ganaderos como hacían antes», explica.
«EL CAMBIO CLÍMATICO Y EL ABANDONO DE LOS MONTES AUMENTA LOS RIESGOS DE INCENDIO. NO ENTIENDO CÓMO NO SE INVIERTE MÁS EN PREVENCIÓN»
Consciente de que con el cambio climático, la despoblación de las zonas rurales y la evolución de las condiciones de vida de la sociedad, los incendios cada vez van a ser más graves, no entiende cómo no se adoptan más medidas de prevención para contrarrestar el abandono de los montes. La competencia, en este aspecto, es de las comunidades autónomas, y de entre todas, Alberto estima que Asturias es una de las que más inversión necesita, debido a su gran superficie forestal y su orografía complicada. «En la mayoría de comunidades hay un operativo específico de prevención y extinción de incendios forestales que trabaja durante muchos meses o el año entero, en Asturias eso no lo hay «, lamenta. Los helicópteros y avionetas, añade, son muy vistosos pero cuestan mucho y con parte de ese dinero se podrían hacer muchas mejoras en el monte. «Sale más rentable mantener el monte sano gastando la mitad, que tenerlo quemado después de gastar el doble», concluye.
La visión de un brigada de la UME
Eduardo Álvarez, mayorgano, entró en infantería para el ejército en el año 96, a la edad de 19 años. Participó en varias misiones internacionales y fue ascendiendo hasta sargento primero. Por causas profesionales y sobre todo, por conciliación familiar, presentó candidatura para entrar en la UME de León, año 2015, unidad que por aquel entonces llevaba pocos años desde su formación. Un cambio que le obligó a resetear. «Tuve que cambiar el fusil que era capaz de montar y desmontar con los ojos cerrados, a comprender el funcionamiento de una manguera contra-incendios, cosas completamente distintas», comenta. Gran profesional y apasionado de su trabajo, es a día de hoy uno de los militares más respetados por su conocimiento dentro de su batallón.
Entre otras misiones, ha tenido que enfrentarse a catástrofes tan variopintas cómo la pandemia del Covid-19, la borrasca de Filomena, la Dana de Valencia o los incendios de este verano. Asegura que no hay ningún otro organismo en España que esté tan preparado cómo ellos para afrontar estas situaciones extraordinarias. «Tenemos a nuestra disposición incluso todos los medios del ejército si es necesario», asegura. Tras la Dana, por ejemplo, pudieron disponer de dos buques dragaminas de la Armada para poder encontrar víctimas en la costa valenciana.
«LOS INCENDIOS DEPENDEN MUCHO DE LAS CONDICIONES METEOROLÓGICAS. SI ESTAS SON ADVERSAS SÓLO SE PUEDEN TRATAR DE MINIMIZAR LOS DAÑOS»
Durante la campaña de incendios de 2022, por primera vez, se dieron cuenta de que estos se estaban volviendo mucho más virulentos y difíciles de controlar. Pese a que conocían las zonas afectadas por haber hecho maniobras allí durante el invierno, no pudieron evitar que ardieran decenas de miles de hectáreas. «Esto es debido, inevitablemente, al cambio climático, y a la despoblación de las zonas rurales», lamenta. Responde con toda la empatía que puede tener un hombre con casi 10 años de experiencia en el campo de catástrofes naturales, a todos los que no entienden por qué no se hace más para evitar sus consecuencias: «los incendios dependen mucho de las condiciones meteorológicas. Si son adversas detener el incendio es imposible, sólo podemos tratar de minimizar daños contra la población y las zonas habitadas».
El mecanismo de funcionamiento de la UME se activa con la declaración de «situación operativa 2 de emergencia». Desde ese preciso momento una unidad de reconocimiento se dirige a la zona afectada y el superior a cargo mantiene contacto directo con el Director Técnico de Extinción del lugar para conocer la situación en la menor brevedad de tiempo posible. Por detrás, con muchos más medios, se dirige la unidad de intervención. Eduardo, que en 2022 lo vivió desde dentro, tiene una visión más completa de la situación desde que ascendió a brigada. «En 2022 estuvimos activados en 7 incendios forestales de manera simultánea, récord hasta el momento. Durante los incendios recientes de 2025 llegaron a ser 14, con todas las dificultades que eso conlleva», advierte. Cuando hay un incendio activo, continúa, todos los esfuerzos se centran en él y la eficacia es elevada, pero cuando hay tantos incendios a la vez todo es mucho más complejo.

El Quinto Batallón de Intervención en Emergencias de León, lidera el negociado técnico en «Lucha Contra Incendios Forestales» dentro de la UME, de igual manera que el Primero (Madrid) lidera el de «Terremotos» o el Tercero (Valencia) el de «Inundaciones». Son los encargados de actualizar y aglutinar las experiencias anuales en este ámbito, para después plasmarlas en los diferentes documentos de “Lecciones Aprendidas”. Si hubiera que indicar algo a mejorar, Eduardo sugiere la pérdida de conocimiento profesional en ocasiones, por los cambios naturales de personal debido a ascensos o cambios de destino, entre otras cosas. Para poder mejorar en este aspecto, se creó la Escuela Militar de Emergencias (EMES) con sede en Torrejón, que es la encargada de gestionar, coordinar e impartir todos los cursos relativos a emergencias dentro de la UME.
La visión de un piloto de avión
El riosecano Miguel Ángel Alberca empezó su andadura profesional en el ejército, dentro del regimiento de Cazadores de Montaña. Activo y aventurero cómo era aprovechaba sus vacaciones para adentrarse en algunas de las zonas más aisladas del planeta. Un día se dio cuenta de que hacia esos lugares llegaban a menudo turistas en avioneta, y se empezó a interesar en el tema. Como la licencia recreativa era muy cara de mantener se decantó por la vía profesional. Y de entre todas, la que más le llamó la atención fue la de extinción de incendios.
Se formó en el Real Aero Club de Zaragoza y tras pasar por un proceso de selección bastante duro, logró entrar a formar parte de una empresa del sector con bases en Galicia (a la que pertenece) y la Comunidad Valenciana. En sólo dos años de experiencia, estima haber colaborado en la extinción de más de 200 incendios. «Nuestra empresa dispone de 6 bases, 4 de ellas con 2 aviones cada una, colocadas estratégicamente para llegar lo más rápido posible al lugar afectado», informa.
La activación se produce inmediatamente después de que alguien acuda al 085 y sólo entre 7 y 10 minutos son necesarios desde ese momento hasta echar a volar. «El tiempo justo para subirse al avión, arrancar la turbina, cargarse de agua, orientarse a la pista y despegar», afirma. Las aeronaves de la empresa de Miguel Ángel cargan casi el equivalente a su peso en vacío, en torno a 3000 litros, alrededor de la mitad que los Canadairs del Grupo 43 del Ejército del Aire. «Estos sólo se activan en «situación 2 de emergencia», intentamos que no lleguen a ser necesarios», comenta.

A lo largo de los años, a través de la información de compañeros con más experiencia y estadísticas elaboradas por la Xunta, Miguel Ángel percibe que cada vez se acude a ellos más temprano. Considera que hacerlo a la larga es más barato ya que su apoyo es esencial para la ralentización del incendio. «Disponemos de un producto «retardante», que mezclado con el agua, realiza el efecto de una cera sobre la vegetación, provocando que el incendio al llegar a la zona rociada, en la mayoría de los casos, se detenga», asegura. Aunque no es tóxico (tiene propiedades fertilizantes) sí es muy denso, deja manchas e irrita, por lo que tratan de evitar que haya nadie en ese momento por la zona.
«ESTE AÑO FUE TERRIBLE. EN OCASIONES TODO A MI ALREDEDOR ESTABA QUEMADO O QUEMÁNDOSE, PARECÍA ZONA VOLCÁNICA»
Al igual que el resto de profesionales consultados, está de acuerdo en que los incendios apuntan a ser cada vez más virulentos y difíciles de controlar, por lo que considera fundamental aumentar las medidas de prevención y fortalecer los equipos de extinción. Aunque son ciclos de 1 cada 4 o 5 años, el año pasado el incendio más grande al que acudió fue de 500 hectáreas y «este año fue terrible, todo a mi alrededor a veces estaba quemado o quemándose, parecía zona volcánica», recuerda. Fue el caso del incendio de Chandrexa de Queixa, donde escuchó por primera vez a un Director Técnico de Extinción decir que estaba completamente «fuera de capacidad de extinción». Ardieron 19 mil hectáreas.
Los incendios forestales, un problema creciente ante el que de momento no parece que se estén tomando las medidas oportunas, pese a que todos los profesionales están de acuerdo en la necesidad de aumentar los mecanismos de prevención y extinción. Para casi todas las profesiones es necesario un periodo de formación previa y un grado de experiencia importante para ir escalando a posiciones de responsabilidad. Ninguna de estas dos condiciones son necesarias en política, donde a menudo acceden a su cargo a través de enchufes o mediante métodos éticamente reprobables. Las motivaciones recurrentes son encontrar nichos de mercado, calmar ansias de poder o acceder a un puesto de trabajo bien remunerado sin mucho esfuerzo, en el mejor de los casos. Poca vocación sincera y capacidad para desempeñar su cargo. Cuando las cosas van bien pasan inadvertidos, cuando se complican todos nos acordamos de… Pero, ¿es problema de esos políticos o del sistema que se lo permite? Ahí lo dejo.
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