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Tras visitar la colección de los hermanos Sopitas en «Vuelta al mundo en 3000 cervezas«, o la de Yeray «El niño que rescata bicicletas«, nos acercamos hasta Pobladura del Valle, a poco más de media hora de Tierra de Campos, para conocer a Luis Vara, propietario de la cafeteria Vafer, y su museo del whisky. Con casi 4000 botellas sin abrir (3860), es actualmente el museo más grande de Europa, superando al de Edimburgo, qué es el segundo, por más de 600 (3200), y a poco más de 300 del récord Guinness (4200), en posesión de Miguel Ángel Reigosa, en Buenos Aires.

Para esta nueva aventura cuento con la inestimable colaboración de Javier Fierro, gran aficionado y consumidor moderado de este líquido espirituoso que volvía loco al mismísimo Capitán Haddock. Nada más entrar en el local las vistas ya impresionan, con un montón de estanterías y vitrinas repletas de whiskys por todos los rincones imaginables, y hasta en el suelo.

«ENTRE LAS CASI 4000 BOTELLAS HAY DESTILERÍAS PROCEDENTES DE MÁS DE 40 PAÍSES, ALGUNAS DE ELLAS ESPAÑOLAS«

Aunque predominan, y con diferencia, las denominaciones escocesa e irlandesa, si las botellas de Luis fueran personas, su bar sería toda una comunidad hippie, pues estima tener representación de más de 40 países. Destacan entre ellos, whiskys de: Japón, la India (mayor productor mundial), Alemania, Perú, Australia e incluso España, aunque no sea una tradición originaria de nuestro país. «Muchas empresas de chupito se han diversificado a whiskys y ginebras, ante la progresiva bajada del consumo de su producto estrella», comenta. Para determinar cuales son mejores o peores no se anima a opinar, pues la mayoría no los ha probado y, paradójicamente, tampoco se considera un experto conocedor del arte.

Pero entonces, ¿Cómo empezó todo? ¿Qué le llevó a interesarse tan fehacientemente por este mundo? Hacia comienzos de los años 90, la cafetería Vafer era el clásico bar de pueblo, con los wiskys típicos de todos los demás (Cardú, Ballantines, JB…), hasta que un día un amigo le regaló cinco botellas distintas, 4 escocesas y otra canadiense (Green Label, Crown Royal, Chivas 21…), muy difíciles de conseguir en aquella época pre-internet, en donde sólo se podían encontrar algunas tiendas especializadas en grandes ciudades como Madrid o Barcelona.

«Siempre que lo veo le digo que maldito el día que me regaló esas botellas, me metió el veneno en la sangre», sonríe Luis. Desde aquel entonces se empezó a proponer retos: llegar a 100, luego a 200, a 1000, y así hasta las más de 3800 que acumula en la actualidad. «Para fin de año me he propuesto llegar a las 4000, pero luego seguiré creciendo», afirma.

«INVERTIR EN WHISKY ES UNA OPCIÓN MUY SEGURA Y ESTABLE, SIEMPRE HAY COMPRADORES INTERESADOS»

Aunque pueda parecer un hobbie a fondo perdido, nada más lejos de la realidad, pues muchas de sus botellas han alcanzado valores sensiblemente más elevados del que tenían en el momento de comprarlas. «Invertir en whisky es como invertir en oro, es una apuesta bastante segura que siempre tiene compradores interesados», asegura. De hecho, no es de extrañar que en determinados sitios se le apode con el sobrenombre de «oro líquido». Un ejemplo, DYC 20 Grandes Maestros, del que consiguió dos botellas. Accedió a vender una a un amigo por casi el triple de lo que le costó, pero casi 10 veces menos del valor que podía haber alcanzado en una subasta.

Al menos una vez al año, hacia Junio o Julio, organiza un maridaje con cata de varios whiskys, normalmente 5. Hace dos sesiones de 45 personas que siempre se llenan bajo reserva; y a un precio de 25 euros, que según los propios visitantes: «si valiera el doble lo pagaríamos igual». Y es que, aunque está poco enraizado en España acompañar las comidas con whisky, sorprende a menudo lo bien que combina con un buen queso, cecina, cordero, anchoas o incluso botillo leonés.

«300 BOTELLAS DE LA COLECCIÓN SE PUEDEN CONSUMIR EN BARRA. ALGUNAS DE LAS MÁS SOLICITADAS: BLUE LABEL 21 Y MACALLAN 18»

Algunas de las botellas de la colección, en torno a unas 300, se pueden pedir en barra. Entre las que más se venden son: Blue Label 21, Macallan 18 (que es también el más caro), algunos Glenfiddich o Dalmore, y DYC 15. «He tenido clientes que se han dejado más de 500 euros en whisky», comenta. Preguntado por su favorito para disfrutar en momentos especiales o de soledad, se decanta por el Johnnie Walker XR21, aunque aclara que no porque sea mejor o peor, que de eso no entiende: «no se realmente porqué, a lo mejor solo porque es bonita la botella», sonríe.

Para los lectores que se hayan quedado con el gusanillo de conocer más y no pueden acercarse en persona por el momento, estas son algunas de sus botellas más especiales, aunque por supuesto no todas, porque como afirma: «para mí, todas y cada una de las botellas de mi colección son igualmente especiales». Y no están en venta.

SUS WHISKYS MÁS ESPECIALES

1- Glenfarclas 30 años: Aunque el museo de Luis se centra, sobre todo, en botellas modernas, también tiene espacio para las clásicas. Este ejemplar es además, el de mayor añada de su colección.
2 – Platinvm TV y 1818 gold 23k: La peculiaridad de estas botellas es que contienen en su interior pepitas de oro. «No son especialmente caras por ello», afirma Luis.
3 – Nikka Whisky: El whisky japonés estuvo en auge durante algunos años. Actualmente ha pinchado un poco la burbuja y sus precios son más accesibles.
4 – Munro`s King of Kings y Cosa Nostra: La colección de Luis también destaca por las formas de sus botellas. Es posible, además de estas, encontrarse otras formas como trenes o leones.
5 – Sack Man, Curavacas, Drago, Liber…: En la balda inferior están representadas algunas de las destilerías españolas más importantes. Madrid, Cantabria, Canarias o Granada, entre otras.
6 – Glenrothes 14 años: La graduación varía mucho de unos whiskys a otros, y a menudo, no es determinante para la calidad del mismo. En la imagen, uno de los de mayor graduación de la colección, de 67,2º.
7 – DYC 20 Grandes Maestros: Una de las más exclusivas del museo, conseguirla fue una auténtica aventura, pues estaban tras ella coleccionistas de toda España. Ha alcanzado en subasta la friolera de 10.500 euros.
8 – Lagavulin 26 años: Aunque no acostumbra gastarse grandes cantidades de dinero en una sola botella, de vez en cuando se desmarca. Esta adquisición por 1600€, es la más costosa de la colección.
9 – Antes de jubilarse, Luis le pidió a su carpintero de confianza que le dejara listas las vitrinas con las que alcanzar las 4000 botellas propuestas para fin de año. Aquí espera que quepan unas 200.
10 – Javier Fierro, 47 años: De profesión abogado, gran aficionado al whisky, sin él este reportaje no habría sido lo mismo: ¡Gracias Javi!

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