Comienza un nuevo curso en el Colegio «San Francisco de Asis» de Mayorga y Yeray es un alumno más de entre los compañeros de sexto de primaria, ansioso por aprender a sumar, restar, leer, escribir, los rios, las capitales… Como no lleva capa, ni peluca, ni gafas postizas nada hace sospechar que tiene una vida oculta, un secreto que solo comparte con sus personas más cercanas.
No hay nada más difícil, dicen, que encontrar una aguja en un pajar, pero… ¿una bici de entre más de 70? Eso es el tesoro que guarda este joven en el pueblo de su madre. Cada día va al cole con una bici distinta, algunas de ellas, anhelo de varias generaciones, sobre todo en los 80’s y 90’s. ¿Cómo llega un niño a poseer tal cantidad de bicicletas?
Todo comenzó cuando Yeray era aun muy pequeño. Acompañaba a sus padres a por hierro a los puntos limpios de todos los pueblos de la zona y allí encontraba, de vez en cuando, bicicletas abandonadas. Un día les preguntó a sus padres si se las podía quedar y ellos le respondieron que sí, siempre y cuando las tuviera recogidas de una forma ordenada.
Como muchas veces se las encontraba con distintas averías, poco o poco fue aprendiendo a hacerlas los arreglos que necesitaban, en un principio con ayuda de su padre. Poner cadenas, cambiar los frenos, arreglar pinchazos, sustituir cubiertas, pintar… no hay avería que Yeray no sepa solucionar para poner una bici apunto y poder darse un buen paseo por el pueblo con sus amigos.
Porque andar en bicicleta es su mayor hobby. Más que jugar a la videoconsola, dar patadas al balón e incluso ir a pescar o a cazar ranas. También le apasionan las motos y los quads, pero asegura que nada hará que cambie su afición a las bicis. Su colección aumenta mes a mes, y actualmente va creciendo también gracias a regalos de familiares o pequeñas ventas y donaciones de particulares, sobre todo el chatarrero.
Aunque ahora no se lo plantea, en un futuro le gustaría hacer un museo con todas sus posesiones. Ponerlas en una nave, algunas en el suelo y otras colgadas. GAC, BH, Orbea… de montaña, de salto, de paseo, de carrera… pocas bicis hay que no estén ya en sus manos, aunque siempre queda algún anhelo: «Un día vi un señor que tenía en su patio una bici parecida a la Motoreta, con cuatro amortiguadores, dos delante y dos detrás, pero no me la quería vender», lamenta.
Debido a que su cobertizo actual es secreto solo se han podido sacar algunas fotos a cuentagotas y no reflejan, para nada, la magnitud de su colección. ¿Qué reliquias hay ocultas en ese pajar que aun no han salido a la luz del público? ¿Cuántas faltan aun por incorporar? Y lo que es más importante: ¿es posible, repito, es posible que entre la colección de bicicletas de Yeray se encuentre aquella con la que voló un día ET, el Extraterrestre? Hay cosas que es mejor no saber.
SUS BICIS MÁS ENTRAÑABLES












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